El Señor sigue reavivando el sacerdocio del P. Jorge López |

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El día sábado 19 de diciembre en la Parroquia de San San Gabriel Arcángel, se realizó la Misa de Acción de Gracias por los 50 años Sacerdotales del padre Jorge López Vignand. Estuvieron presentes los sacerdotes de nuestra Diócesis de Lurín acompañados de nuestro Pastor Monseñor Carlos García y del Vicario General P. Amadeo Raymi, quien comparte la vida cotidiana con el P. Jorge al ser párroco de S. Gabriel. |

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El P. Jorge celebró con inmensa alegría sus Bodas de Oro Sacerdotales. La alegría con la que preparó esta celebración era la alegría del que estaba preparando el día de su ordenación sacerdotal. Se unieron a esta alegría la comunidad de San Gabriel sus hermanas Nelly y Carmen, familiares y los amigos venidos desde Cajamarca y de las diversas parroquias en las que realizó su trabajo pastoral. |
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En el testimonio del P. Jorge pudimos ver que el Espíritu del Señor lo ha mantenido siempre actualizado y respondiendo a los desafíos de la evangelización. Queremos dar gracias a Dios por esta vida dedicada a su servicio, que se muestra como ejemplo de quienes se sientan llamados a esta vocación y que el Señor siga reavivando en el P. Jorge el don del sacerdocio que hace cincuenta años recibió. ¡Gracias, Señor, por el ministerio del P. Jorge! |
Paula Luna |
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ENTREVISTA AL PADRE JORGE LÓPEZ VIGNAND |
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P. Jorge Andrés López Vignand, 74 años y 50 de sacerdocio. Hace tiempo peina canas, pero las sigue peinando y los que lo conocen bien dicen que “no tiene ni un pelo de tonto”. Lo abordamos el día antes de sus Bodas de Oro Sacerdotales… |
-P. Jorge, lo vemos aún joven y ya con 50 años de sacerdocio a sus espaldas, ¿quiere decir que madrugó, que sintió muy pronto la llamada del Señor y al toque le dio el SI?
Dios me llamó desde niño, y fui acólito a los 7 años, y hasta en Primaria me llamaban “curita”, y sigo frecuentando amigos de entonces. Pero el sí se sigue dando cada año, con las novedades que nunca faltan y la vocación que se va aclarando
-Cuéntenos algo de sus primeros pasos vocacionales, sus ilusiones, sus dudas, sus temores de adolescente…
Mucha preparación y capacitación, pero poca práctica y siempre pensaba cómo podré dar todo lo recibido, fue siempre y todavía mi preocupación. Cada año al volver de vacaciones había compañeros que ya no volvían. En Media nos agarraba la adolescencia y no había mucha explicación. Por eso la preocupación de ir viendo claro de a pocos. |
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-¿Cuántos comenzaron con usted y cuántos llegaron al sacerdocio? ¿Cuántos siguen de sacerdotes hoy?
Lo hermoso es que de unos 22 que comenzamos juntos el seminario menor, primero de media, llegamos cinco a ordenarnos, aunque en distintas fechas, ya dos murieron y con los otros tres nos vemos todavía. Pero la promoción fue aumentando y disminuyendo al pasar por la Filosofía y la Teología. Terminamos 9 en 1959 y ya fallecieron varios, cuatro, algunos se retiraron, y seguimos dos de esa promoción; pero cinco de 1º de Secundaria. |
-Usted se ordenó a fines de 1959. Casi un año antes, en enero de ese mismo año, Juan XXIII había anunciado el ConcilioVaticano II, aunque no se inicia hasta octubre del 62. ¿Se considera usted un sacerdote pre-conciliar o posconciliar?
El Espíritu Santo siempre guió a la Iglesia, y fíjate que me tocaba el último año de Teología, y me encargaron el tema del próximo concilio, sobre la Unidad en el mundo y las Iglesias, con cuerpo diplomático y todo, y terminé mi ponencia diciendo: “El Concilio se acerca, el Espíritu Santo va a dar su palabra”. ¡Y vaya que así fue! Y hasta botó del aula conciliar a los obispos en su primera reunión, para elegir ellos a los peritos y no la lista que les habían preparado.
-¿Qué rescata de su formación del seminario y qué le marcó más del concilio y el posconcilio?
El estar abiertos al Espíritu, la formación continua o permanente, el aguante ante las cruces, y sobre todo la confianza en Dios. El Concilio fue como una respuesta a tantas inquietudes que en todo el mundo teníamos los cristianos y lo comprobamos al encontrar en Roma a sacerdotes de todas partes con las mismas inquietudes. Podemos decir que más que de venir de Roma los temas, fueron desde nuestros países y diócesis que se llevaron a tratar. Por supuesto que hubo gran acogida; pero también oposición, pues nadie estaba preparado y muchos querían seguir como antes, incluso celebrando en latín y tantas cosas, que ya me gana el tiempo. |
- Viajó a Europa para completar estudios. Muchos dicen que quien estudia en Europa luego ya se acomoda y rebaja el compromiso ¿le costó su entronque con el Perú a la vuelta?
Gracias a Dios que Dios es peruano, y aunque siempre pudimos quedarnos a trabajar en tantos países que conocíamos, nos gustaba como experiencia; pero preferíamos regresar al Perú. De modo que servirlo no fue difícil, más aún, se fue robusteciendo esto.
-Los primeros años de Sacerdocio suelen ser decisivos en el itinerario posterior. Señale tres cosas fundamentales de aquellos primeros años.
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Estos equivalen a toda la formación de Seminario, podría decir que es el pueblo, el que al clero nos da una segunda formación y aprendemos de nuevo a partir de la experiencia. Luego la comunión sacerdotal, trabajar y reflexionar juntos, como hermanos en la vocación es fundamental. Y la formación permanente; pero sobre todo el recuperar el seguimiento en nuevas situaciones, e incluso volver al camino, corrigiendo lo que humanamente no sale bien o no está bien.
-Siempre le hemos visto con cierta “fijación” a su etapa cajamarquina ¿por qué se siente tan identificado con aquel pueblo y aquella iglesia local?
Tuve ocho vacaciones en Chupaca, la Sierra de Huancayo y aprendimos a conocer al campesino, con su cultura, su religiosidad, sus costumbres, su foncklore, sus carnavales, etc. Y siempre me quedaba la inquietud de servir en la Sierra; pero no sé el quechua, hasta que se presentó la ocasión de ir a Cajamarca, donde bastaba el castellano. Además que fue la famosa “trampa de Dios” de quedarme más de lo previsto, de 3 meses a 10 largos años. Primero de párroco y luego encargado de la formación de los seminaristas, también trabajo importante, Y nos fuimos identificando, y uniendo en el amor a ese pueblo con gente cristiana y no, clero y laicos, de todos los colores y tendencias; hay toda una riqueza que admiro y que ha sido motivo para que muchos se queden ahí. |
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-Qué diferencias fundamentales encuentra –para bien o para mal- entre el clero de “aquellos tiempos” y las nuevas generaciones?
Hay los abiertos y los cerrados, que creen tener respuesta a todo y quizás por la formación ponen el acento en un solo aspecto, descuidando quizás otros, y es un equilibrio difícil, pero necesario. |
-Ha tenido tres experiencias pastorales en tres diócesis y tres presbiterios distintos ¿puede decirnos algo breve sobre las diferencias?
Un momento, tuve una experiencia común en las tres, y es la comunión sacerdotal, y sin los grupos sacerdotales quizás nuestra vida sería distinta o cambiada. Por eso dije en la misa que ya no teníamos diferencia entre diocesanos y religiosos, peruanos y no. Y el grupo nos ayuda, nos enseña, nos corrige, nos empuja y alienta. Siempre encontré ese espíritu de búsqueda y ayuda en común
-Cambiando de tema, a usted lo conocemos como “insigne canonista” y siempre tenemos miedo de que las leyes –aún las religiosas- se pongan por encima de las personas ¿cómo vive usted ese “conflicto”?
Es el influjo del antiguo ritualismo, no nos gustaban tantas normas litúrgicas y eso se proyectó al Derecho; por eso no se lee o no se estudia; mientras que podemos decir que ahora el Derecho es más pastoral: abran el código y encontrarán definiciones y guías importantes para la teología y la pastoral.. Gracias a Dios que el derecho me ha servido para ayudar a mucha gente, y a veces la gente en el Tribunal termina hasta confesándose y teniendo una nueva vivencia creyente.
-Díganos algo más para los que no muy amantes del Derecho Canónico…
Que al menos lean los cánones de cada tema y ahí tienen materia abundante, y sobre todo no podemos estar cerrados a nada, pues al final terminamos pidiendo ayuda, o incluso metiendo la pata en desmedro de los fieles por nuestras actitudes, pues muchos se vuelven pequeños legisladores al imponer su propio parecer, a veces contra la misma razón o el evangelio. Tema para muchas aclaraciones
-Bueno, vayamos a la celebración de sus 50 primaveras sacerdotales. Tres cosas por las que quiere que le ayudemos a dar gracias a Dios…
Por la vocación, que llena toda mi vida, por los que me ayudaron y siguen ayudando y por la perseverancia y corrección de mis tonterías.
-Tres personas que le gustaría que estuvieran presentes y que de ninguna forma podrán estar mañana en S. Gabriel.
Mis compañeros de camino y de grupo sacerdotal, que son más de tres…
-Finalmente exprese un solo deseo para los próximos cinco años de nuestra diócesis de Lurín-Lima Sur
Que vivamos mejor nuestro compromiso en el mundo, que es la aplicación del amor al prójimo, sin el cual toda nuestra piedad no vale lo suficiente.
Gracias, P. Jorge, por su testimonio sacerdotal, por su servicio a la diócesis y por su disponibilidad para colaborar siempre que lo necesitamos en la Pastoral de la Comunicación. ¡FELICITACIONES! |
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Entrevistó: José Mª Rojo |
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