“Convocados en nombre del Señor Para estar con Él”

 

 “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Lc. 10, 21). Con la lectura de este pasaje bíblico el P. Afrodisio Hernández Casero, Sacerdote Operario Diocesano, se daba oficialmente inicio al retiro anual DEL CLERO DE LURÍN, realizado del  4 al 8 de enero en la CASA “ALVERNIA” – CIENEGUILLA.

Este hecho nos hizo tomar conciencia que “HEMOS SIDO CONVOCADOS EN NOMBRE DEL SEÑOR PARA ESTAR CON ÉL” y que Jesús lo ha querido así para “escuchar su voz”, “contemplar su rostro” y “expresar nuestras inquietudes”; en otras palabras para “REAVIVAR EL DON” que ha obrado en nosotros por medio del Sacerdocio Ministerial y así redescubrir su Plan de Salvación.

En estos días de gracia, como muchos lo expresaban, para cada uno de los 33 sacerdotes y de los tres diáconos que participamos en este retiro se pudo compartir muchas vivencias personales en  torno a nuestro Ministerio, vivencias siempre gratificantes por todo  lo que significa esta entrega generosa al servicio de los demás. Es muy interesante recalcar

que en este retiro estuvieron sacerdotes que tenían 50, 48, casi 25 años… y otros recién 10 meses de sacerdocio, pero lo que prevaleció es que todos gozamos del único y auténtico llamado de Jesucristo, y que todos nos necesitamos para ayudarnos. Se valoró el gastar la vida en el sacerdocio y lo que significan esas canas para todosnosotros, y también se reflejó la esperanza que hay en el clero joven; es decir, se valoró la pertenencia a un Presbiterio concreto, el de las Diócesis de Lurín.

Todos, jóvenes y ancianos, formando una “UNIDAD CON CONSISTENCIA PROPIA Y PARTICULAR”; en resumen “UNA FRATERNIDAD SACERDOTAL”.

En este retiro el tema central giró en torno al Año Sacerdotal, y por tanto ha comprometido más nuestra vocación desde el reconocer que hemos sido “tomados de entre los hombres y constituidos en favor de los mismos” (Presbyterorum Ordinis n. 3), es decir, todos venimos de comunidades parroquiales concretas, y ahora tenemos la gracia de ser la “prolongación de la Persona de Cristo”, “dispensadores de su Gracia”, somos

hombres de la “Palabra”, de lo “Sagrado”, de lo “Trascendente”. También somos hombres que hemos experimentado en nuestras parroquias el “perdón y la misericordia” y que ahora somos “reflejo” de ello. Por tanto, no está demás decir que reconocimos nuestra fragilidad, limitación o miseria humana, pero sobre todo reconocimos el verdadero amor y misericordia de Nuestro Señor al realizar el día

jueves por la tarde la Celebración Penitencial. Aquí, entre hermanos sacerdotes, nos confesamos y reafirmamos lo valioso de la Ordenación Sacerdotal, pues luego de estar muchas veces en el confesionario concediendo el perdón de Dios a nuestros fieles, nos pusimos frente a Él y le pedimos perdón.

No hay duda que salimos fortalecidos para “volver la mirada a Dios” y a mirar lo que a

Él le agrada y así poder “elegir lo mejor” afrontando las exigencias y retos que nos pide nuestro Ministerio sacerdotal hoy y utilizando todos los medios que el mismo Señor nos proporciona: Su “Palabra”, su “Presencia misma” y su “Gran Misterio Eucarístico” que es el resumen del encuentro en el amor a los demás. Y por ello le pedimos a nuestro Señor seguir

amando nuestro Ministerio y a nuestros hermanos de la misma forma como Dios ama, con generosidad y misericordia; y así todos podamos decir: “Bienaventurado el Sacerdote que permanece fiel hasta la muerte porque recibirá la corona de la vida” (Ap. 2, 10).

Por lo tanto, no sólo decimos que en estos días de retiro nos han ayudado a ser mejores, sino a GOZAR POR HACER NUESTRO SACERDOCIO MEJOR, santificándonos y santificando a los demás.

P. JORGE CARREÑO GIRÓN

 

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