JUAN PABLO II EN PERU: ECOS DE HACE 25 AÑOS

Sí, pareciera que fue ayer y ya son 25 años. Para muchos aún resuenan en los oídos las palabras del papa a su llegada por primera vez al Perú aquel lejano 1º de Febrero de 1985: “Perú, amigo, el papa está contigo”. Fuera la intuición, fuera que alguien le “chismeó” al papá que nuestro pueblo es sumamente afectivo, lo cierto es que con esa sencilla frase se metió al Perú en el bolsillo.
Muchas anécdotas se han recordado durante estos días respecto a aquella intensa visita. Frases célebres hemos escuchado por  Radio Programas del Perú y el estribillo: “Hace 25 años esta voz estaba entre nosotros”. Fue un evento que hizo historia. No cabe duda que marcó la vida de la iglesia y del pueblo peruano en una época de convulsión y  de múltiples problemas. Problemas endémicos -como la injusticia y la pobreza- y problemas nuevos, como la violencia armada que venía jaqueando al Perú ya 5 años. En el ambiente se sentía la necesidad de una palabra firme y cargada de esperanza. Y esa palabra llegó, día a día, en los distintos actos programados en costa, sierra y selva.
Difícil tratar de hacer un resumen –siempre subjetivo y parcial- de la visita, pero nadie duda que la presencia del papa fue un espaldarazo para un amplio sector de la iglesia muy sensible y comprometido con la causa de los pobres (mayoría en el país) y para los constructores de la paz. Justo en momentos en que unos querían resolver los problemas del país apelando a la violencia más irracional y otros querían acabar con los primeros con parecidos métodos. En medio, convertidos en sándwich, los más pobres de entre los pobres iban perdiendo sus vidas día a día. Ahí resonaron las valientes palabras de Juan Pablo II: Os pido, pues, en nombre de Dios: ¡Cambiad de camino! ¡Convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz! ¡Aún estáis a tiempo! Muchas lágrimas de víctimas inocentes esperan vuestra respuesta (Ayacucho, 3 de febrero de 1985).
Y miró con cariño y esperanza a los jóvenes en un país donde el 60 % tenía menos de 25 años: La juventud está siempre en actitud de búsqueda, en marcha hacia las cumbres, hacia los ideales nobles, tratando de encontrar respuestas a los interrogantes que continuamente plantea la existencia humana …
Por eso yo, Peregrino de la Evangelización, siento el deber de proclamar esta tarde ante vosotros, jóvenes del Perú, que sólo en Cristo está la respuesta a las ansias más profundas de vuestro corazón, a la plenitud de todas vuestras aspiraciones; sólo en el Evangelio de las Bienaventuranzas encontraréis el sentido de la vida y la luz plena sobre la dignidad y el misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22).
Vosotros sentís justamente —debéis sentirlo siempre— el anhelo de una sociedad más justa y solidaria; pero no sigáis a quienes afirman que las injusticias sociales sólo pueden desaparecer con el odio entre clases o el recurso a la violencia u otros medios anticristianosNo olvidéis nunca que, como dije en mi mensaje de primero de año, "la paz y los jóvenes caminan juntos". (Encuentro con los jóvenes en el hipódromo de Monterrico, 2 de febrero de 1985).
Por supuesto que los de Loreto siempre recordarán con emoción aquello de “el Papa es charapa”  (Iquitos, 5 de febrero) y así en cada lugar por donde pasó con su firme y cautivadora personalidad. Pero nos cabe el orgullo a los de Lima Sur el haber tenido el honor de ser receptores de unas de las palabras del papa que más se han repetido en todos los rincones del mundo católico. Fue ante el saludo de los esposos Chero, mostrándole, con sencillez pero con fuerza y profundidad cristiana, la realidad de la pobreza a la vez que la fe y el compromiso de las comunidades cristianas, cuando un emocionado Juan Pablo II se salió del libreto y dijo solemnemente: yo deseo que el hambre, el hambre de Dios permanezca, que el hambre de pan se haga resolver, se encuentren los medios para dar este pan. Yo deseo que no seáis hambrientos del pan de cada día, que seáis hambrientos de Dios mas no del pan de cada día. Sea ésta mi última palabra para la misión de la Iglesia y para el bien de vuestra patria. (VES, Martes 5 de febrero de 1985). Cerca de un millón de personas, la inmensa mayoría pobres de nuestra Lima Sur, atronaron con sus aplausos los arenales de Villa el Salvador. En la cercanía del Papa descubrían la preferencia de Dios por ellos y el compromiso de una iglesia por ayudarles a salir de la pobreza material y alimentarlos espiritualmente.
Ya al comienzo había dicho: Con cuánta ilusión he esperado tener este encuentro con vosotros, queridos habitantes de «Villa El Salvador»! Desde mí llegada al Perú y aun antes de mi venida, la visita a este «pueblo joven», que ya con su nombre nos habla de la cercanía a Cristo, el Salvador del mundo, ha ocupado siempre un lugar preferente en el programa de mi viaje, precisamente porque se trataba de los más necesitados.
Durante estos días que estoy compartiendo con el querido pueblo peruano, ha venido
con frecuencia a mi mente aquel pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, en el
que Jesús se compadeció de la multitud «porque eran como ovejas sin pastor, y se puso
a enseñarles largamente» (Marc. 6, 34). Pero además ordenó a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer» (Ibíd. 6, 37). Y además:
La compasión de Jesús por el hombre necesitado, han de hacerla propia los Pastores y miembros de la Iglesia, cuando —como en esta «Villa El Salvador» y en tantos otros «pueblos jóvenes» del Perú— advierten las llagas de la miseria y de la enfermedad, de la desocupación y el hambre, de la discriminación y marginación. En todos estos casos como el vuestro, no podemos ignorar «los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que cuestiona e interpela» (Puebla, 31).

Esos rostros de Cristo sufriente que concretó bien en Puebla el obispo German Smichtz, porque los conocía de nuestra Lima Sur, fueron los que él mismo tuvo interés en que poco después (Julio de 1986) conociera también el cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI. Al igual que su predecesor Juan Pablo II, quedó impactado igualmente por la pobreza y por la fe de los pobres de Lima Sur. El primer párroco de VES, el polaco José Walijewski, nos transmitió el comentario que le hizo el actual papa: “Mire padre, ¿sabe una cosa? Mi fe se ha enriquecido al ver de tan cerca la pobreza en Villa El Salvador”. Todos nos hemos enriquecido y nos seguimos enriqueciendo pues por experiencia sabemos muy bien que los pobres nos evangelizan.

Se me ocurre pensar que hoy, 5 de Febrero de 2010, el señor Chero se habrá acercado a saludar a Juan Pablo II (ambos en la gloria) y con una chichita morada delante, le habrá dicho: “Hermano, Juan Pablo, me moría de las ganas de soplarle la palabra ‘desaparezca’, pero la emoción me dejó mudo. Sí su frase, hermano, era así de simple: ‘que el hambre de Dios crezca y el hambre de pan desaparezca’”. Que así sea.

                                                                                                                      JMRojo

 

 

 

VOLVER A PAGINA DE INICIO