CLAUSURA DE EXITOSA SEMANA SOCIAL

 

“Quiero Agradecer a los organizadores de esta semana, a todos sin señalar; llevamos hora y media orando y casi sin darnos cuenta del tiempo”. Así resumió monseñor Carlos García el talante y el ambiente que se vivía en la clausura de la I Semana Social de la diócesis de Lima Sur, con sede en Lurín.
Y es que, efectivamente, la clausura –viernes 18 en la noche- fue una extensa, profunda y dinámica celebración de fe.

Los cuatro primeros días habían estado marcados por el Ver, el Juzgar y el Actuar; había llegado el momento del Celebrar. Pero había que hacerlo recogiendo las conclusiones de toda la semana.

No era fácil integrar la puesta en común de todo el trabajo de los talleres y la celebración final de acción de gracias. El equipo de liturgia asumió el reto y, a medida que avanzaba la noche nadie dudaba ya que era un acierto.

Los seis talleres fueron presentando sus conclusiones de manera muy creativa y participativa: un sociodrama, una especie de museo, una serie de dibujos, una oración precedida por un cuento, una serie de slóganes y un panel televisivo. Y todo sazonado con cantos muy acertadamente elegidos, oraciones muy sentidas y una conducción ágil y atinada. Bien poco dejado a la improvisación y, sin embargo, ambiente distendido y pleno de disfrute.

La lectura del pasaje de El Buen Pastor ponía en pista a nuestro pastor diocesano para animarlo a dar continuidad y profundidad a un trabajo que refuerza la tradición comprometida de la iglesia en el sur de Lima. Y fue él quien no solo animó sino retó a los laicos a construir el Reino de Dios con alegría y esperanza en situaciones nada fáciles para nuestras familias. También a ir pensando desde ya en próximos eventos en la misma dirección cada año.

Pareciera que el espíritu de las Olimpiadas nos estaba contagiando: “Más alto, más fuerte, más rápido” expresaban los grupos –simbólicamente- en sus conclusiones y a eso mismo retaba a su turno el pastor. Y como “obras son amores y no buenas razones” el tiempo debe demostrar que nuestra iglesia de Lima Sur es realmente discípula y misionera.

Los pobres de nuestros cerros, arenales, playas y campos (que son la mayoría) tienen derecho a esperar eso de nosotros como iglesia; no podemos defraudarlos. Desde la Pastoral Social  es desde donde mejor puede entenderse que “la iglesia se hace pueblo” por el compromiso y que “el pueblo se hace iglesia” en el seguimiento al Señor Jesús.

José Mª Rojo

 

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