"NO BASTA SERLO, SINO SENTIRLO Y VIVIRLO" |
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El pasado domingo 9 de octubre los recién ordenados sacerdotes: Felix Kwbla Ghalley Nyamadzi, proveniente de Ghana – África y el peruano José Salvador Mimbela, celebraron su primera misa oficial en la “Parroquia San José de los Balnearios”, en Punta Hermosa, donde venían realizando sus prácticas pastorales como diáconos. |
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Los ahora sacerdotes, Felix y José, fueron ordenados por Monseñor Carlos García un día antes, sábado 8, en la Parroquia “El Niño Jesús” en Ciudad de Dios. Concelebraron, además, Monseñor Hugo Garaycoa (Obispo emérito de Tacna – Moquegua y ex presidente de la Conferencia Episcopal peruana) y la mayoría de sacerdotes de Lurín, junto con otros conocidos y amigos.. |
Después de dar el SI definitivo y amoroso a Jesús, los nuevos sacerdotes fueron bendecidos y consagrados por Monseñor Carlos, quien en la ceremonia remarcó: “Recién vivirán la vida de un sacerdote, porque no solo basta serlo, sino también vivirlo.” Prosiguió. |
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En el momento de prometer obediciencia al obispo y sus sucesores, los nuevos sacerdotes se mostraron muy emocionados, y en la entrega de la ropa sagrada (las casullas para celebrar la santa misa) los padrinos se acercaron a Monseñor para que las bendiga. Luego, cuando se las pusieron, todos aplaudieron con júbilo porque dos nuevos guías iban a orientar a sus parroquias. |
La ceremonia culminó entre aplausos por parte de los asistentes. Mucho más cuando Monseñor anunció públicamente que iban a crear tres nuevas parroquias en la zona de “Los Balnearios del Sur”: la de Punta Hermosa, Punta Negra y Nuestra Señora del Tránsito, en la Zona de Playa Arica. |
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Fue tanta la acogida, que la Iglesia de "El Niño Jesús” quedó chica porque llegaron muchos conocidos y amigos de los nuevos sacerdotes desde las distintas comunidades parroquiales en las que habían colaborado a lo largo de su formación sacerdotal. La mayoría de ellos pasaron a celebrar junto con los nuevos padres al salón parroquial. |
Más relajados, José y Félix agradecieron y saludaron a todos, haciéndolos vibrar de emoción con sus palabras. El padre José hizo que el público participe cantando y alabando a Dios de tal forma que todos quedaron con una sonrisa en los labios. Sonrisa que se completó con la riquísima carapulcra que sirvieron para todos. |
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