NADA MENOS QUE 80 VELITAS...

 

Sí, 80 fueron exactamente las que apagó monseñor Hugo Garaycoa hoy, miércoles 2 de Junio, estando de retiro espiritual con los sacerdotes de su nueva diócesis de Lurín-Lima Sur.
-¿No está ya jubilado? ¿No es emérito de Tacna-Moquegua?
-Sí, oficialmente está jubilado, es emérito de Tacna y Moquegua y ex presidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Pero eso no significa que no pueda tener otra diócesis...

Seguro que le pasó a monseñor Hugo como a otros varios obispos que cuando les aceptan de Roma su renuncia porque llegan a su límite de edad –los 75 años- pues se sienten aún con ganas de trabajar y, algunos, con la ilusión intacta de seguir siendo útiles en eso en lo que estuvieron siempre: el trabajo por el Reino. ¡Y en eso, ciertamente, no hay jubilación!

Así fue que monseñor Hugo, buen conocedor de nuestro obispo, al toque se apalabró con él para sumarse, como uno más, a trabajar en esta diócesis de Lima Sur. Trabajo es lo que sobra para quienes quieren, de verdad, sumarse

desinteresadamente a esta tarea en la que estamos empeñados: hacer de Lima Sur una parcela donde nuestro pueblo se sienta iglesia y nuestra iglesia se sienta pueblo de Dios... Por eso es que a ninguno de los sacerdotes, creo, nos extrañaron las expresiones que hoy, monseñor Hugo dijo, durante el retiro y después del almuerzo en nuestro seminario de S. José:
“Al poco de salir de Tacna añoraba a mi presbiterio, a mi seminario; gracias a monseñor y a ustedes que me

acogieron, siento renacer mi sacerdocio. El Señor me alarga la vida, El sabrá  por qué... Me siento en mi diócesis, el último regalo de Dios ha sido la acogida de monseñor Carlos y de ustedes en la diócesis”.

Y se le veía feliz compartiendo con todos la comida, apagando las velitas, recibiendo los regalos: un cuadro y una escultura (tiene su colección de

burritos en su casa...) un libro de espiritualidad, un hermoso poncho...
Nos dijo que los primeros y segundos miércoles están siempre reservados en su agenda para reunirse con nosotros; tampoco falla en sus visitas al seminario apoyando en la dirección espiritual y, siempre que lo necesitamos –para confirmar o para cualquier otro servicio- ahí está incondicionalmente...

No cabe duda que es una gracia para él sentirse realmente útil y para la diócesis contar con su disponibilidad. Imposible no recordar en estas situaciones a nuestro propio emérito, el “padre Obispo”, monseñor Gurruchaga, gran suerte para la diócesis tenerlo ahí –no jubilado, sino “jubiloso”, como él dice- rezando día a día por nosotros... Por ambos hoy damos gracias a Dios y a monseñor Hugo le deseamos poder apagar otras veinte velitas más entre nosotros. De momento veinte...                                                                                                   

José María Rojo

 

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