LURÍN-LIMA SUR, PRESENTE |
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La arquidiócesis de Lima cerró con fiesta el Año Sacerdotal convocando a un Congreso Eucarístico Mariano con toda una semana de actividades, siendo los días centrales el sábado 5 y domingo 6 en la Avenida de la Peruanidad, Campo de Marte. |
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| Los no tan jóvenes disfrutaron a sus anchas con July Freundt y otras presentaciones. Y todo recreando un ambiente religioso centrado en la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. El cardenal Juan Luis Cipriani, que presidía el evento junto con otros cuatro obispos (uno de Los Angeles –California y otro de Chile) se sumaba al ambiente festivo lamentando –dijo- no poder cantar tan bien como Adamo, pero felicitando a todos y arrancando aplausos cuando pidió un homenaje para las abuelitas, mamás y papás (a quienes no siempre a los jóvenes resulta fácil aceptar y comprender). Se vio complacido cuando, al final, la multitud coreó una de sus canciones preferidas: “¡Cómo no creer en Dios!”. |
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Ahí estaban también los jóvenes de nuestra diócesis que se quedaron hasta el final con su banderola coreando “Lurín, Lurín, Lima Sur” y se dirigieron hacia el Sur de Lima unos comentando las escenas vividas, otros hablando de la jornada del día siguiente -programada en el decanato- y otros ya dormitando en el bus… |
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| A la mañana siguiente, día del Corpus Christi, nuevamente los buses marchaban desde el Sur hacia el Campo de Marte, esta vez llevando un promedio de edad mucho más alto. Era la misa de clausura del Congreso y las grandes pantallas de circuito cerrado de TV ofrecían rostros maduros con expresión de mucho recogimiento, fe y devoción eucarística. Misa reposada palabras emotivas del señor cardenal animando la fe de los presentes, ofrendas simbólicas... | |
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| Docenas de sacerdotes fueron vaciando sus copones de hostias consagradas con mucho orden en los puntos fijados para comulgar a un lado y otro del gran pasillo central a lo largo de toda la avenida, mientras varios coros entonaban las canciones más populares y de todos conocidas. Como broche de oro la procesión con el Santísimo, ida y vuelta por todo el pasillo central y bendición eucarística. | |
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Difícil calcular los miles de fieles congregados y presididos por una docena de obispos –además del señor cardenal- y un par de centenares de sacerdotes, que renovaban su compromiso sacerdotal. Ambas eventos –el de los jóvenes y la misa de clausura- constituyeron gozosas expresiones de una cara de la moneda: la Eucaristía es presencia de Jesús desde aquella noche del primer Jueves Santo, garantizada por El mismo hasta el fin de los tiempos. Presencia para acudir a El en actitud agradecida, buscando paz, soporte en las dificultades, aliento en el caminar… |
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La otra cara de la moneda nos la recuerda permanentemente el evangelio de S. Juan con el lavatorio de los pies y el mandamiento del amor. Y podría ser la conclusión del Congreso Eucarístico: cada día nuestra iglesia ha de ser una iglesia samaritana, servidora de todos sin distinción y con una clara opción preferencial por los últimos, los excluidos y descartados en la sociedad. Cada día tendremos que descubrir a Jesús en la soledad y el silencio del sagrario y en el grito de los pobres. A ello nos obliga la fidelidad a la Palabra proclamada ayer, día del Cuerpo y la Sangre del Señor, en el Campo de Marte y en la última capillita de nuestra diócesis de Lurín Lima Sur. |
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José María Rojo |
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