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.¿Quién dijo que en el “tiempo ordinario” no suceden cosas extraordinarias? Ciertamente hemos pasado este año ya los llamados “tiempos fuertes” en el calendario litúrgico (los de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua) pero nadie puede ponerle límites a la bondad y generosidad del Señor. Así acaba de suceder en nuestra diócesis de Lurín-Lima Sur. Y es que tener la ordenación de dos nuevos sacerdotes no es cosa de todos los días; menos en una diócesis nueva, joven, con necesidad imperiosa de pastores |
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que se preocupen por la vida de los 2 millones de fieles sembrados en el campo, los arenales, los cerros y las playas… Y así fue: ayer, sábado 26 de Junio del 2010, será un día memorable para la diócesis e inolvidable para Jorge Briones Ramírez y William Valle Chipana, quienes recibieron de manos de nuestro pastor, monseñor Carlos E. García Camader el orden sacerdotal. |
Inolvidable también para las familias de ambos (sus papás estaban orgullosos en primera fila con las nuevas casullas en la mano para ser estrenadas por sus hijos). También para las dos parroquias de origen: la de Jorge, S. José de Nazaret, y la de Willy, La Trinidad. De ambas había una buena “mancha” de gente, así como de las dos en que últimamente estaban ejerciendo su servicio como diáconos (La Anunciación y Virgen de Lourdes, respectivamente). Y, por supuesto, no podía quedarse atrás la parroquia anfitriona, El Niño |
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Jesús (en Ciudad de Dios, SJM): orgullosos sus fieles de haber sido elegida para realizarse en ella este magno acontecimiento. Todo respiraba alegría y fiesta. No hubo aleluyas (porque estarían fuera de contexto, pero sí aplausos a rabiar, hurras y ¡vivas! Frecuentes. Una gran fiesta de las comunidades, del pueblo de Dios, pues para su servicio se ordenaban sacerdotes Jorge y Willy. |
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Y bien claro lo dejó monseñor Carlos en su homilía llegando incluso a retarles a estar siempre alegres y comunicar esa alegría a los laicos; a no tener tiempo ni horario para la disponibilidad, a ser entregados y seguidores fieles del Señor Jesús quien les había colocado el manto encima –como Elías a su seguidor Eliseo-, quien les había increpado a dejar padre y madre, a no poner la mano en el arado y mirar hacia atrás, sino a dar un SI incondicional, aún sabiendo que si el hijo del hombre no tiene un lugar donde reclinar su cabeza a sus seguidores no iban a estar mucho mejor mejor. Eso sí, con la garantía del premio: el ciento por uno en esta vida y luego la vida eterna… |
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Feliz se veía al “padre obispo” que fue sembrador de la cosecha que la diócesis viene ahora haciendo, feliz monseñor Hugo Garaycoa, obispo emérito de Tacna-Moquegua y que ha encontrado en Lurín-Lima Sur una diócesis adoptiva donde se siente acogido y querido, donde (como diría el padre obispo) “no es jubilado sino jubiloso”. Felices las docenas de |
sacerdotes que acompañaron en este paso a los dos nuevos miembros del presbiterio y a los que con fe y unción impusieron sus manos implorando la fuerza del Espíritu para ellos. En fin, felices todos por ese extraordinario regalo del Señor, venido en “tiempo ordinario”. Solo queda seguir orando para que Jorge y Willy sean fieles, vivan a plenitud su vocación cristiana ahora como presidentes de la asamblea que celebra su fe en el Resucitado y vive su compromiso en este sur de Lima. Todos esperamos que evangelicen a y se dejen evangelizar por tantos hermanos que acá tienen hambre de Dios y –por desgracia- hambre de pan. Ojala, en palabras de Juan Pablo II en el arenal de Villa el Salvador en 1985, los dos ayuden a que el hambre de Dios crezca y el hambre de pan desaparezca. |
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José María Rojo |
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